Tolstói y la Medicina en “Guerra y Paz”.

Sobre Lev Tolstói y el gran valor de su obra para la formación humanista del médico se ha escrito mucho. Su obra “La muerte de Ivan Ilich”, ofrece una visión global de las fases por la que pasa el paciente, un Ivan Ilich que bien pudiera ser el propio hermano de Tolstói, durante su enfermedad hasta culminar en la muerte. Es tan certera y desgarradora en sus descripciones, que acapara la atención de cualquier comentario que relacione a Tolstói con la medicina.

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Escribir una leyenda Yasnaya Polyana. Fuente Wikipedia

Sin embargo, aquí me voy a ocupar de otra de sus novelas, su obra magna; Guerra y Paz. Las referencias a la medicina que Tolstói hace en Guerra y Paz son muy abundantes. Y es que no podría ser de otra manera, en una obra monumental en la que se nos narra las peripecias de dos generaciones de tres familias rusas durante la conquista fallida de Rusia por las tropas Napoleónicas a principios del S. XIX, y en la que se trata casi cualquier aspecto que guarde relación con la existencia humana y sus inquietudes.

Desde luego, la novela ofrece oportunidades para ello. Las heridas de los soldados en las batallas, la demencia asociada al envejecimiento, los problemas relacionados con el embarazo, la agonía y muerte por diferentes causas y en distintas circunstancias de sus protagonistas, son sólo algunos de los ejemplos de problemas relacionados con la medicina que se tratan en esta nóvela. A través de sus personajes, Tolstói nos transmite su punto de vista acerca de la capacidad de la medicina que se practicaba en su época. Es una opinión escéptica, crítica y, se me antoja, cargada de decepción y resentimiento. Revisemos algunos fragmentos de la novela y algunos comentarios personales sobre los mismos, pero antes debo avisar que en ellos se desvelan detalles que son importantes en la trama y que pueden estropear la sorpresa a quién quiera leer la novela.

Sobre la medicina como ciencia.

La idea que el autor tiene sobre la medicina como ciencia se expresa claramente en el siguiente pasaje “…y hablan de la medicina. ¿Qué medicina es esta que no sabe siquiera curar un resfriado? … ¿qué pueden curar los médicos? Es imposible curar nada. Nuestro cuerpo es una máquina de vivir…esa es su naturaleza, dejad a la vida tranquila, que se defienda por sí misma, conseguirá más que se le paraliza abrumándola de remedios. Nuestro cuerpo es como un perfecto reloj que debe funcionar un tiempo determinado; el relojero no tiene facultad para abrirla, no pude manejarlo sino a ciegas y con los ojos vendados. “      

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Sobre el concepto de salud y enfermedad

La enfermedad de Nastasha, de la quién se ha dicho que representa a la mujer de Tolstói, es uno de los momentos de la novela en el que el autor de una forma más explícita desarrolla diferentes opiniones sobre la medicina, la salud y la enfermedad. De especial interés es su concepción holística del proceso de enfermar muy en la línea de la visión de la Medicina Interna o la Medicina de Familia actuales.  “El mal de Natasha era tan desconocido como lo son todas las enfermedades humanas, ya que cada ser vivo posee sus peculiaridades y padece una enfermedad nueva y compleja que la medicina desconoce. No se trata de enfermedades pulmonares, del hígado, del corazón y los nervios, clasificadas por la medicina, sino de una dolencia en la que se combinan numerosas afecciones de esos órganos”. Tolstói incluso pone en boca del príncipe del viejo príncipe Bolkonski sus recomendaciones para una vida saludable: “solo los tontos y depravados echan a perder su salud…desde la mañana hasta la noche me ocupo en algo, soy moderado en todo”. La relación entre los excesos alimenticios y la enfermedad moral y física, así como su inversa, aparecen constantemente en su obra. Especialmente en el personaje de Pierre que, con una vida superficial llena de compromisos sociales insulsos, engorda y se entumece intelectual y espiritualmente. Por el contrario, las vicisitudes vividas durante su marcha por los campos rusos nevados, le descubre una vida de moderación que le lleva a la paz interior.

Tolstói describe de un modo excepcional las enfermedades de sus personajes, como por ejemplo el Ictus hemisférico izquierdo que sufre el viejo príncipe Bolkonski, incluyendo detalles como la afasia propia de la afectación del hemisferio dominante: “El médico, llamado con urgencia, le hizo aquella misma noche una sangría y manifestó que el príncipe estaba paralizado del lado derecho…el viejo Bolkonski, paralizado, yacía sin conocimiento como un cadáver mutilado. Murmuraba de continuo algo ininteligible moviendo las cejas y los labios, pero era imposible saber si comprendía lo que sucedía a su alrededor. De una sola cosa había certeza: que sufría y deseaba decir algo, pero nadie podía entender lo que intentaba decir.”

Sobre los hospitales

La visión de los hospitales que nos ofrece Tolstói, es la de unos centros sin medios ni mecanismos disponibles para el control de las infecciones; nichos donde las personas en vida acudían a morir; “la muerte era tan segura en los hospitales que los soldados, enfermos de fiebre y edemas debidos a los malos alimentos, preferían, aun arrastrándose, fatigosamente, permanecer en activo antes que ser llevados al hospital.” Se refiere en especial a la tragedia de la incompetencia para el control eficaz de las epidemias, que una vez instauradas se cobraban víctimas entre pacientes y sanitarios; “El tifus, amigo mío; quién entra aquí es hombre muerto…cinco de mis colegas han muerto ya. Cuando llega uno nuevo, en una semana está despachado…yo sólo he de atender tres hospitales con cuatrocientos enfermos y pico.”

También nos describe Tolstói los improvisados hospitales de campaña, como aquel de la batalla de Borodinó en la que los cirujanos amputaron la pierna a Anatole Kuraguin y atendieron la herida mortal del príncipe Andrei. Se puede casi respirar la asfixiante atmosfera mezcla de sangre y polvo, donde los moribundos se amontonaban entre gritos y sollozos.

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Batalla de Borodinó. Fuente: Wikipedia

Sobre la profesión médica

La visión que transmite Tolstói sobre la profesión médica está llena de reproches. “Una idea tan simple no se les ocurría a los médicos (lo mismo que a un brujo no se le ocurre pensar que no puede embrujar) porque su razón de vida es curar, porque cobran por hacerlo y porque para llegar a ser lo que son han invertido los mejores años de su vida. Pero la razón principal, por la que no les habría ocurrido, era que se sentían útiles”. Nos describe con ironía la teatralidad del ejercicio de la profesión; “El médico iba todos los días, le tomaba el pulso, examinaba la lengua y, sin hacer caso de su abatimiento, gastaba bromas. Pero cuando salía a la habitación contigua… ponía cara sería y, moviendo pensativo la cabeza, aseguraba que, a pesar del peligro, confiaba en la medicina recetada últimamente y había que esperar para ver sus efectos. La enfermedad era más bien moral, pero…, …la condesa le ponía en la mano una moneda de oro y, con el corazón más tranquilo, volvía junto al lecho de su hija”.

Dado que cuestionaba la validez del conocimiento de los médicos, también dudaba de la utilidad de sus tratamientos “… a pesar de la gran cantidad de píldoras, gotas y sellos contenidos en cajitas y frascos… y a pesar de carecer de la vida a que estaba habituada en el campo, la juventud de Natasha se impuso…y comenzó a reponerse físicamente”. La crítica es mordaz también en aquel pasaje en el que un médico muy afamado entre la aristocracia, de exquisitos modales, es requerido por una de los aristócratas de las novelas para obtener un “remedio” para un embarazo no deseado, y buscando el aborto, la gestante encuentra la muerte en un baño de sangre.

Sin embargo, como ocurre en la novela con otros temas, aquí también Tolstói da pie a la esperanza aferrándose a la humanidad del médico. “Los médicos eran útiles… no porque obligaran a tragar píldoras, en su mayor parte nocivas (aunque, como se administraba en dosis pequeña, el perjuicio no se dejaba sentir mucho) sino porque satisfacían una gran necesidad moral…la eterna necesidad que tienen los hombres de una esperanza de mejoría o de tener, cuando se sufre, a alguien que los compadezca y ayude.”  Tolstói se aferra también al valor de la caridad del médico en el estremecedor relato de como este acompaña continuamente a uno de sus personajes, el viejo príncipe Bolkonski, en su lecho de muerte sin separarse del paciente durante varios días. Así fue como debió Tolstói de visualizar como quería que sucediera en el momento de su muerte, cuando en sus últimos días de vida decidió abandonar su hogar en compañía, de su hija y de su médico de cabecera. Buscando, dicen, una muerte que finalmente encontró en una neumonía mortal, acompañado de su médico, al que quiso tener a su lado, y que le propició morfina para aliviarle en el sufrimiento.

Los aspectos comentados tienen interés en la medida que ofrecen una idea de valor histórico sobre la medicina de la época y sobre todo acerca de la opinión del autor al respecto, lo cual, no hay que olvidarlo, supone un sesgo importante. Tampoco hay que olvidar que se trata de una novela, y no de un documento histórico. Sin embargo, hay referencias que explican el profundo esfuerzo de documentación histórica realizado por Tolstói durante la redacción de la misma. Pero lo que me parece especialmente importante es la capacidad de la obra para ahondar en los entresijos del alma humana, con sus miedos, ambiciones e inquietudes materiales y espirituales. También nos habla del carácter de las personas y la capacidad de sobreponerse a situaciones desesperadas, como la guerra, el cautiverio o la enfermedad. No importa de que se trate, si tiene que ver con el hombre, su vida y su muerte, Tolstói lo aborda.  Pero lo hace dejándonos ver continuamente las dos caras de cada aspecto, con un sentimiento trágico, pero a la vez esperanzador, fruto del propio viaje del autor hacía su iluminación interior, cargado de una duda existencial, y salpicado de puntos de un realismo estremecedor y de un fatalismo que se nota evolucionar a lo largo de la obra.

“Fija la mirada en los ojos de Napoleón, el príncipe Andrei pensaba en la nulidad de la grandezas y de la vida, de una vida cuyo sentido nadie podía comprender; en la nulidad aún mayor de la muerte, cuyo significado ningún viviente podía discernir ni explicar…Entre tanto la vida seguía adelante; la verdadera vida de los hombres, con sus intereses sustanciales de salud y enfermedad, de trabajo y descanso, con sus inquietudes intelectuales por la ciencia, la poesía y la música, el amor, la amistad, el odio, las pasiones…”

En uno de los comentarios finales Tolstói pone en la boca del príncipe Andrei sus frustraciones en la búsqueda del sentido de la vida y que desarrolla más profundamente en su obra “Confesión”, con palabras que recuerdan a las de Pio Baroja en el Árbol de la Ciencia ; “Querido mío, últimamente la vida se me hace muy penosa. Creo que comienzo a comprender demasiado y el hombre no puede probar el fruto del árbol del bien y del mal”. Esta lucha interior, le llevó a ver lo que los demás sólo intuían. Su genio encontró la forma de expresarlo en la voz de sus personajes. Este creo, que es quizás el mayor valor de Tolstói para el médico. Sus novelas suponen una vorágine de experiencias vitales con las que siempre será posible encontrar similitudes en la vida real, potenciándose la empatía con el enfermo y el entendimiento de las vicisitudes de sus vidas.

2 comentarios en “Tolstói y la Medicina en “Guerra y Paz”.

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