El médico que nació de un sueño y la bestia que surgió de él

“Era una noche oscura, sin luna y la habitación quedaba apenas iluminada por los últimos restos de aceite de una lámpara que oscilaba rítmica y pausadamente junto al marco de la puerta. Las sombras dibujaban formas caprichosas y cambiantes, sombras de los pocos accesorios que había en la habitación. Entre ellas una cama destacaba sobre los demás, y encima de esta, un bulto yacía sudoroso, revolviéndose y emitiendo sonidos quedos e ininteligibles apagados por el sonido de la lluvia golpeando sobre el cristal de la ventana. Un relámpago iluminó el dormitorio, dejando ver pañuelos de tela manchados con sangre esparcidos por el suelo. El trueno, no tardó en llegar, y con su estruendo el bulto se deshizo súbitamente apareciendo en su lugar un hombre de edad media, bañado en sudor, con sus ojos brillantes y abiertos mirando fijamente a algún punto en la oscuridad. Los jadeos pronto dieron paso a la tos y con esta apareció de nuevo la sangre, coagulándose salpicada entre las sabanas y la pared cercana. Una mujer entró súbitamente a la habitación.

– ¿Robert estas bien? Preguntó asustada. La mujer conocía bien aquellas crisis que aquejaban a su marido. Las había presentado desde que se casaron. Sin embargo, en los últimos años estas eran más frecuentes y duraban más. –Esta maldita Tisis acabará contigo- pensaba mientras le secaba el sudor a su marido, que continuaba en silencio, pálido como un espectro.

-Fanny, he tenido un sueño- dijo por primera vez entre jadeos. – He visto a un hombre dentro de mí. Dos personas en una sola ¿acaso es posible? – Fanny no sabía que decir. Conocía de la portentosa imaginación de su marido y también que sería imposible evitar lo que vendría a continuación. En mitad de aquella noche apocalíptica, aquel hombre enfermo en pleno acceso de fiebre y sólo interrumpido por la tos hemoptoica, se sentó a escribir un nuevo relato. Uno que pasaría a la historia.”

Así se me antoja que pudo surgir la idea en la mente del creador. La semilla de un libro que, en palabras de su autor, nació fruto de la acción de los “duendecillos” que trabajan en sus sueños, dando respuesta a una necesidad, que sentía desde hacía tiempo y le atormentaba;  escribir sobre el tema de la dualidad humana. El resultado fue una novelita corta con una historia detectivesca ambientada en el Londres de finales del S. XIX, que poco después serviría de escenario a la truculenta historia de Jack “El Destripador” o a las deliciosas aventuras del investigador más famoso de todos los tiempos, Sherlock Holmes. El autor de que hablamos es Robert Luis Stevenson y la obra, como ya alguno habrá adivinado,  “El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde”.

La trama de la obra es muy conocida.  El simbolismo que encierra su protagonista, ha pasado al imaginario colectivo y forma parte de la cultura popular. La nóvela pudiera encajar en diferentes géneros; detectivesco, aventuras, o gótico entre otros. Sin embargo, con independencia del género, la historia esconde un ensayo sobre el bien y el mal, el dualismo inherente a la naturaleza humana y que se manifiesta en la lucha psicológica que su protagonista mantiene consigo mismo, expresando una psicopatología que es lo que hace que la obra sea especialmente interesante para el médico actual.

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Póster de 1880. Esta imagen está disponible en Wikipedia.

Los protagonistas de la novela  ¿o debería decir el protagonista?

A través de los ojos de su abogado, Stevenson nos presenta al Dr. Henry Jekyll , un reconocido médico y científico brillante interesado en la química, que vive una lucha interior para controlar sus impulsos más profundos, unos que le inspiran un comportamiento reprochable y miserable, y que le tientan continuamente. Como mecanismo compensatorio a estos dolorosos sentimientos, Jekyll se afana en llevar un comportamiento ejemplar, convirtiéndose en un destacado y valorado miembro de la sociedad de su tiempo. El Sr. Edward Hyde, un ser abominable que inspira una aversión indescriptible en aquellos que lo conocen, surge como una vía de escape a estos impulsos de Jeckyl, permitiéndole llevar una doble vida. Hyde es el vehículos a través del cual se potencia y desarrolla la degeneración moral del Dr. Jekyll; “…supe, al respirar por vez primera esta nueva vida, qué era más perverso, diez veces más perverso, un esclavo vendido a mi maldad original”.  

A lo largo de la novela Jekyll recurre a Hyde con mayor frecuencia, construyendo todo un mundo alrededor de su alter-ego que permite la convivencia de ambos, hasta el punto que el límite entre ellos comienza a desdibujarse. El Sr. Hyde se va a apoderando del mundo del Dr. Jekyll que no es capaz de oponerse al avance de su lado oscuro, destruyendo poco a poco lo que queda de su vida y capturándolo en su perversa realidad. La idas y venidas entre Jekyll y Hyde, se explican en la novela mediante el recurso de una ciencia que Stevenson nos la presenta con una mística propia de la alquimia.

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El. Dr. Jeckyl sentado en un banco ¿o es el señor Hyde?. Ilustración disponible en Wikipedia

La obra y su interés para el médico

La nóvela de Stevenson, suscitó el interés de los médicos desde el mismo momento en que fue publicada. El caso de Jekyll y Hyde es por sí mismo interesante como ejemplo de un trastorno de personalidad múltiple o, según una terminología más reciente, un trastorno disociativo de identidad. Sin embargo, también por separado las personalidades de ambos personajes son interesantes. A través de Hyde se profundiza en las características psicopatológicas del sociópata o del asesino, un ser egoísta que se deja llevar sin remordimientos por el torbellino de sus impulsos. En un epílogo incluido en la edición de la novela de Alba Clásica, y elaborado por Robert Mighall, se incluye una extensa e instructiva explicación de como el personaje de Hyde estimuló la mente de multitud de psicólogos interesados en la criminología y en patologías de la época como la demencia moral.  Por medio de Jekyll se representa la debilidad humana, la hipocresía y el fracaso de la fortaleza interior. La novela se ha relacionado también con otros trastornos como el alcoholismo, la drogadicción o la ludopatía.

Finalmente la obra representa la lucha entre el bien y el mal que fluyen continuamente en cualquier individuo: “cada día y con ambas partes de mi inteligencial, la moral y la intelectual, me fui así acercando progresivamente a esa verdad cuyo descubrimiento parcial me ha condenado a este terrible naufragio: el desaber que el hombre en realidad no es uno sino dos. Digo dos porqué mis conocimientos no han llegado más allá de este punto. Otros vendrán después, otros que me superarán en las mismas experiencias, y me aventuro a afirmar que el ser humano será en última instancia conocido por la pluralidad de personalidades incongruentes e independientes que en él habitan”.  Y es en este punto donde reside el verdadero terror de la novela, la posibilidad de que cualquier persona bajo las circunstancias idóneas, pueda ser capaz de actos que nunca pudiera haber imaginado.

El extraño caso del Dr. Jeckyl y el Sr. Hyde hablá de la naturaleza humana, de lo más escondido de la misma y de las desviaciones morales y éticas que pueden surgir. Es un texto que nace de un hombre enfermo (Stevenson estaba afecto de Tuberculosis desde varios años antes), que trata sobre la enfermedad de un hombre (el Dr. Jeckyll) que podría aplicarse a otros muchos. Sus certeras descripciones sorprendieron a médicos y criminólogos de su momento, no faltando quién olvidará que se trataba de una novela, que como bien reconoce su autor, nace de los duendecillos que le susurran historias en el silencio de la noche. Aquellos que dan vida a los sueños entre los que pasamos gran parte de nuestra existencia y que a veces son tan vívidos que nos parecen reales. Aunque los sueños, como ya dijo Calderón, sueños son.

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