Frankenstein, Prometeo y la búsqueda del conocimiento

Recientemente he leído la novela de Mary Shelley, ” Frankenstein o el moderno Prometeo  (Reino Unido 1818). Coincide además que esta semana se ha publicado en The Lancet una carta en la que, aprovechando que próximamente se cumplirán 200 años desde su primera edición, se discute el valor de la novela como ensayo sobre el dilema ético propio de la investigación científica y como a pesar del tiempo pasado, el conflicto al que se refiere no ha perdido vigencia. (enlace al artículo). Se trata en definitiva de una oportunidad perfecta para escribir una entrada de Libros para médicos.

Sobre la novela y su autora

Hablar de Frankenstein es hablar de su autora, Mary Shelley, ya que la novela está salpicada de fragmentos con tintes autobiográficos con similitudes entre las vicisitudes experimentadas por la criatura y las vividas por la propia Shelley. Es interesante consultar la vida de la autora (enlace) y dejarse sorprender por las circunstancias en la que concibió, con apenas 18 años, una novela de una trama psicológica tan compleja como es Frankenstein. También conviene dejarse conmover por la tragedia que rodeo su vida y los paralelismos entre diferentes pasajes de la obra y la juventud de Mary Shelley.  Teniendo estos aspectos presentes, todo encaja y de repente la trama gana en complejidad, profundidad y significado.

Frontispiece_to_Frankenstein_1831
Cubierta de Frankenstein de Mary Shelley, en la edición de 1831. Fuente Wikipedia

La novela se ha ensalzado como una pieza cumbre de la literatura universal, encuadrada dentro de lo que se conoce como género gótico o de terror. La historia es más o menos conocida. Victor Frankenstein, un brillante científico acaba, víctima de su búsqueda por el secreto de la vida, realizando un inverosímil experimento a través del cuál logra transferir vida a un ser confirmado por partes de diferentes cadáveres humanos. La trama discurre en una lucha, en gran medida psicológica, entre el creador y su criatura, a la que Frankenstein repudiará y jamás dará un nombre, así como en las terribles e imprevistas consecuencias que se derivarán de sus actos.

Pero además de permitir disfrutar con su lectura, esta novela ofrece mucho más al médico que la aborda. Y la prueba de que Frankenstein despierta el interés de la comunidad científica se encuentra en PubMed; 117 publicaciones con la palabra Frankenstein en su título o en el abstract y 21 (18%) publicadas en los cinco últimos años. Tratemos de ver porqué.

Frankenstein y la medicina

Desde una perspectiva científica esta novela plantea el dilema de los límites de la ciencia. El desafío de un hombre, que haciendo uso de su genio, desafía las leyes de la naturaleza trayendo la vida a lo que yacía muerto. En efecto el dilema ético de la investigación médica, que se discute con mayor profundidad en el artículo antes citado, aparece ya en una fase muy inicial del texto cuando Shelley describe al estudiante, profanando tumbas, para obtener fragmentos de cadáveres con los que desarrollar su experimento. Se continúa con la actitud del investigador que embriagado por una búsqueda febril de conocimiento, crea su criatura sin reflexionar sobre las consecuencias de su actos. Sólo tras haber concluido su obra, es consciente de lo que ella implica y se horroriza de su éxito, repudiándola y abandonándola a su suerte con la esperanza de que la llama de vida que en ella prendió se apagaría por si misma. La maldad del acto del creador es en realidad el germen del mal que finalmente se desarrollará en su criatura.

Desde una perspectiva teológica la historia plantea el problema de la fe en el creador omnipotente y la resignación, incredulidad y rebeldía del individuo. Es el mismo Frankenstein quién rechaza una y otra vez la autoridad vigente a medida que va desarrollándose como científico, y en el punto en que alcanza la cúspide de la sociedad científica de su entorno desafía las  leyes naturales con su experimento. Por su parte, la criatura de Frankenstein nace siendo un ser básico que primero siente y después piensa, siendo precisamente ese despertar de la razón lo que le permite cuestionar su lugar en el mundo, las circunstancias en las que ha sido creado y la benevolencia de su creador. El rechazo de su propio ‘padre’ y a posteriori de la sociedad en la que debe desenvolverse, es el germen del odio y el resentimiento y el principio de sus actos malvados.

“Como Adán, yo fui creado aparentemente tal y como era, pero no estaba unido por lazo alguno a ningún otro ser vivo; y su situación era diferente de la mía en otros muchos aspectos. Él había nacido de las manos de Dios como una criatura perfecta, feliz, próspera, y protegida por el amor incondicional de su creador. Se le permitía hablar y adquirir conocimientos de los seres de naturaleza superior; pero yo era un desgraciado, y me encontraba indefenso y solo. Muchas veces pensaba que en realidad pertenecía a la estirpe de Satán; porque a menudo, como él, cuando veía la dicha de mis protectores, la amarga bilis de la envidia me invadía por dentro.”

Por otro lado, la obra oscila continuamente entre el bien y el mal.  Tanto Frankenstein como su criatura se cuestionan si el hecho de saber es una bendición o una maldición, pues como ocurre en la parábola del génesis, el árbol de la ciencia sólo aporta amargura a quien prueba su fruto.

 “¿Era entonces un monstruo, un error sobre la Tierra, un ser del que todos los hombres huían y a quien todos los hombres rechazaban? No puedo explicaros la angustia que aquellas reflexiones me producían; intenté olvidarlas, pero el conocimiento solo logró aumentar mi pesadumbre. ¡Oh…! ¡Ojalá me hubiera quedado para siempre en mi bosque primero, sin saber ni sentir nada más que el hambre, la sed o el calor…! ¡Qué cosa más extraña es el conocimiento! Cuando se ha adquirido, se aferra a la mente como el liquen a la roca.”

Estas cuestiones de la novela enlazan directamente con el mito de Prometeo.

El mito de Prometeo

En la mitología griega, Prometeo fue un Titan, considerado como protector de la raza humana ante los caprichos de Zeus. (Los titanes precedieron a los dioses olímpicos, quienes, guiados por Zeus, terminaron derrocándolos en la Titanomaquia (‘guerra de los titanes’)). Prometeo, estaba especialmente dotado en astucia e inteligencia y sobre todo no tenía miedo alguno a los dioses, ridiculizando a Zeus y a su poca perspicacia de forma repetida.  De los actos de Prometeo se derivaron consecuencias fatales para el resto de la humanidad que culminaron con el destape final de la caja de Pandora, fuente de todos los males. Para Prometeo su inteligencia le capacitó para desafiar y burlar a Zeus, su prepotencia fue lo que le permitió encontrar el valor para cumplir sus ideas y su falta de previsión fue el determinante que trajo las consecuencias fatales para aquella humanidad a la que pretendía proteger. Pero cabe preguntarse ¿era la búsqueda del bien de la humanidad el verdadero móvil de Prometeo? o ¿era más bien las necesidades de un ego ansioso de estar a la altura de un Dios lo que motivaba sus actos? Las similitudes entre el mito de Prometeo y la historia de Frankenstein son evidentes y Shelley lejos de ocultarlo establece precozmente la relación entre ambos personajes en el mismo título de la obra.

 

Una nota final

Leer Frankenstein sirve además para despertar la mente y anima a desconfiar del cine o el teatro, o el simple paso del tiempo, como elementos fieles a las memorias de las bases que estimularon ese recuerdo. ¿Y no es acaso ese sentimiento de duda el que debe de imperar en el pensamiento científico al que nos debemos los médicos? Frankenstein nos recuerda lo que subyace en todo individuo, la necesidad de vivir y compartir nuestra vida. Los límites entre el bien y el mal, hombre y creación, se desdibujan. Shelley consigue así lo que inicialmente nos parece imposible, y lleva al lector a plantearse ¿no es más humana la criatura que el creador? Y en palabras de un Victor Frankenstein ya cansado y moribundo, nos avisa:

“Usted busca conocimiento y sabiduría, como lo busqué yo; y espero de todo corazón que el fruto de sus deseos no sea una víbora que le muerda, como lo fue para mí. No sé si el relato de mis desgracias le resultará útil; sin embargo, si así lo quiere, escuche mi historia. Creo que los extraños sucesos que tienen relación con mi vida pueden proporcionarle una visión de la naturaleza humana que tal vez pueda ampliar sus facultades…Aprenda de mí, si no por mis consejos, al menos por mi ejemplo, y vea cuán peligrosa es la adquisición de conocimientos y cuánto más feliz es el hombre que acepta su lugar en el mundo en vez de aspirar a ser más de lo que la naturaleza le permitirá jamás.”

Para saber más:

1. Jurecic A, Marchalik D. Dr Frankenstein’s bioethical experiment. The Lancet. Elsevier; 2017 Jun 24;389(10088):2465.

2. Programa de RNE sobre la vida de Mary Shelley. Disponible en Ivoox

3. Capítulo del programa de RNE “Hombros de Gigantes” en el que se aborda la obra de Frankestein a propósito de su segundo bicentenario.

 

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